Que los canteros no sean un dolor de cabeza

Pensar en diseñar con plantas, es pensar en composiciones. Una composición no es más que el arreglo de diferentes elementos en un espacio. En el caso del paisajismo, el principal elemento son las plantas, pero no es el único.

La forma en que estos elementos integran el conjunto va a dar resultados más o menos agradables a la vista. Pero no todo es cuestión de estética puramente. El desafío del paisajista es de qué manera una composición, además de bella, podrá sustentarse en el tiempo con relativamente baja intervención de su dueño o de quien quede a cargo.

Aquello que es demasiado caprichoso, solo resistirá a las primeras intervenciones de sus entusiastas clientes que disfrutan con todas sus energías la nueva adquisición: el jardín. Pero es una trampa. Tan pronto como pase la primera primavera, poco a poco vendrá el olvido y más temprano que tarde, sucumbe el cansancio. Un jardinero poco entrenado hará de las suyas y el diseño se va por la borda.

Esta situación tristemente habitual, puede disminuirse con una muy buena planificación desde el comienzo y es aquí donde el paisajista necesita de holgura en cuanto a su conocimiento sobre la forma en que las plantas se desarrollan, el ritmo que siguen a lo largo del año, sus necesidades de luz, suelo y agua, y las dimensiones que alcanzan.

Por eso, hoy te traemos 3 tips para crear composiciones más sostenibles en el tiempo para ahorrarle dolores a los clientes o a vos mismo si vas a encarar tu propio jardín.

  • Empezar por lo simple

A quienes amamos con toda el alma esta actividad, sabemos que siempre está la inquietud por probar cosas nuevas. Nuevas plantas, nuevas combinaciones, cual experimento. Esto a veces puede insumirnos un tiempo extra muy extenso cuando en realidad se podría simplificar bastante.

Podemos escoger un par de plantas nuevas para imprimirle nuevos aires a nuestras composiciones, pero sin arriesgar un arreglo por completo. Sobre todo, cuando las composiciones son muy extensas (superficies grandes), hay que ceñirse a lo seguro porque cualquier imprevisto tendrá efectos exponenciales.

Una composición puede ser extraordinaria aún recurriendo a una sola especie de plantas, o a lo sumos dos o tres.

La potencia de una composición está dada bastante por la repetición de un mismo elemento en lugar de muchos elementos diferentes.

  • Estudiar los límites de cada planta

Gran parte del mantenimiento está dado por que tanto se esté dispuesto a dejar que una planta se exprese libremente en su forma y crecimiento.

Los setos o cercos vivos son la antítesis de las composiciones sostenibles, pero muchas veces son necesarios porque no se puede recurrir a otro recurso. Aquí se interviene con mucha frecuencia sobre la línea de plantas porque no queremos que crezcan demás ni pierdan su forma geométrica.

Cuando la superficie de jardín lo permite, será mas sostenible recurrir a especies que cumplan su función de bloqueo visual y físico, pero por su estructura natural, con una intervención baja.

Fuera de los cercos, los canteros (sobre todo aquellos formados por más de una especie) deben pensarse bien para que no se vuelvan un dolor de cabeza.

Por ejemplo, muchas veces se ven cortaderas que permanentemente hay que intervenirlas porque no se previó su gran crecimiento. No se tuvo en cuenta que no se puede poner cerca de pasos o del ingreso de automóviles porque es de crecimiento masivo. Y a su vez, si se mantiene podada, no se disfruta plenamente de sus panojas que son lo más atractivo.

También hay plantas como las herbáceas perennes y anuales, que cumplen ciclos cortos a lo largo del año y por lo tanto suelen tener baja capacidad expansiva autolimitándose su crecimiento cada año. Entonces se puede prever mejor el crecimiento de estas plantas. Aún así, hay muchas que en condiciones óptimas van a resembrarse y se tornarán molestas (por ejemplo las valerianas (Centranthus ruber) y escabiosas (Scabiosa atropurpurea).

  • Agrupar las plantas según necesidades similares.

Un error bastante común, es armar una composición sin detenerse a pensar si esas especies tienen necesidades similares en cuanto a tres cuestiones básicas: luz, suelo y riego.

Si una de las plantas de la composición es muy exigente en agua para exteriorizar todo su potencial estético y se ha agrupado con otras de bajas necesidades, entonces una de las dos estará en desventaja y deslucirá o morirá.

Por ejemplo, combinar rosales con gramíneas. Los rosales en general necesitan de buenos suelos y riegos frecuentes. Por el contrario, ciertas gramíneas como el coirón necesitan muy bajo riego o nulo, por lo que en esas circunstancias si priorizamos a los rosales, los coirones crecerán demasiado y en forma desproporcionada. Y si es al revés, los rosales vivirán débiles, con poco crecimiento y floraciones de mala calidad.

La biología no es matemática. La suma de los factores no siempre da un resultado previsible. Por eso a veces podemos salir victoriosos de composiciones jugadas, gracias a la plasticidad con que algunas plantas logran adaptarse a circunstancias desfavorables sin perder estética.

Sin embargo, siempre será recomendable actuar desde la teoría. Nos ahorrará dolores de cabeza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comparte este artículo

Share on facebook
Facebook
Share on email
Email
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on twitter
Twitter
Share on print
Print

Artículos relacionados