Rosales para paisajismo: 3 variedades claves que podes usar.

Incluir rosales en el diseño de jardines: cuestión de saber elegir

Los rosales son anticuados…

Esa es una frase típica que solemos escuchar en alguna charla de café o en los pasillos de un vivero.

Este pensamiento se repite para diferentes plantas y de esa forma se ha ido eliminando la idea de utilizar ciertas plantas por esa condición.

El inconveniente no está en la especie, sino en la manera en que la empleamos.

Una planta mal utilizada es probable que no se vea bien, da igual que sea muy bella o no lo sea.

Los rosales es una de esas plantas con las que es difícil congeniar. Sin embargo, en los últimos años viene ocurriendo que su disponibilidad en viveros es cada vez más amplia, están mejor identificados y los paisajistas se animan a utilizarlo nuevamente en sus obras.

Símbolos de la primavera, del romance y la alegría en el jardín. Quienes cultivan rosas en sus jardines vivirán con ansias renovadas cada primavera el nacimiento de los nuevos brotes, su rápida extensión y el punto álgido cuando esos enormes capullos despliegan con asombroso estilo los pétalos que, más tarde, darán lugar a una gran flor.

El mundo de los rosales es tan amplio como fascinante. Hay una variedad incontable de formas, colores y hábitos de crecimiento, de manera tal que cualquier rincón soleado de un jardín podría encajar con alguna rosa del catálogo.

Sin embargo, ocurre en la mayoría de los viveros que los rosales están clasificados con unas etiquetas que solo describen el color de la flor, como si eso fuera lo único a tener en cuenta para elegir el rosal que deseamos.

Cuando esto sucede, resulta que compramos el rosal, lo plantamos, y luego la flor no tiene una forma tan atractiva, ni la planta es demasiado prolija para crecer y se ve «paluda».

Ante la falla, se refuerza la idea general de que los rosales no son muy atractivos, o que crecen feos, o que no puede pensarse en un jardín moderno ante su presencia.

Grueso error. Porque el problema, nuevamente, no es la planta. Sino que está o bien mal elegida o bien mal combinada.

En este momento los rosales llegan desde diferentes viveros del país y copan los viveros. Pero, salvo que sepas muy bien lo que estás buscando, te recomendamos que esperes hasta la floración de la planta en vivero para darte cuenta si te convence la planta.

El color no es lo único que buscamos. También debemos prestarle atención a la forma de la flor.

Claro que hay variedades cuyo destino es exclusivamente el que formen flores potentes para arreglos florales de élite. Pero no es lo que nos trae hoy a este artículo donde queremos enseñarte 3 variedades de rosal que te recomendamos para usar en jardines donde se prioriza lo estético por sobre otros fines.

Rosa Iceberg

Por lejos la variedad más cultivada a los fines paisajísticos. ¿La razón? La increíble floración a principios de primavera de tupidas inflorescencias blancas que a la lejanía parecen ovejas pastoreando el jardín.

Forma una mata tupida y bien organizada (algo difícil de pedirle a un rosal), de 1 a 1.5 metros de altura.

Rosa Iceberg

Crece vigorosamente y precisa una poda ligera cada año entre el otoño y finales del invierno para extraerles ramas secas, lastimadas o contenerle la forma en caso de que se haya extendido mucho. No conviene excederse sacando material ya que perdemos profusión floral. En general es una planta que se auto regula bastante bien.

Cultivar a pleno sol y hasta soporta la media sombra mucho mejor que la inmensa mayoría de los rosales.

Funciona bien en grupos tupidos dispersos en un jardín o parque. Demasiados Iceberg concentrados en un solo punto, acapararán toda la atención durante la floración plena, algo que puede ser buscado si queremos llamar la atención en un punto durante una época concreta del año.

Combina a la perfección con flores violáceas o azuladas, como las de ciertas salvias, nepetas o lavandas, siempre procurando elegir bien la disposición de los grupos según altura que alcanza cada especie.

Rosa Sally Holmes

Siguiendo con los blancos, la rosa Sally Holmes es posiblemente uno de los exponentes más interesantes en el rubro.

Ni a la distancia ni a la cercanía parece un rosal. Forma enormes inflorescencias redondeadas de flores simples medianas (es decir, solo 5 pétalos en cada flor). Los capullos son color crema, al igual que las flores recién abiertas. Luego se tornan de color blanco puro con el centro amarillento (dado por los órganos sexuales de la flor) que va virando a oscuro.

Presenta una sola floración espectacular a principios de primavera, y luego florece en forma aislada hasta el otoño.

Es muy vigoroso, alcanzando hasta los 3 metros de altura. Al formar ramas largas y arqueadas, se adapta a la decoración de columnas o pequeños arcos.

Rosa Sally Holmes a pleno

Funciona muy bien como ejemplar aislado, punto focal durante la floración, rodeado de otros arbustos que le acompañen en su escala. Hay que destinarle espacio suficiente en el jardín para que se luzca sin tener que andar limitándolo mediante podas.

También es una opción interesante para formar cercos mixtos voluminosos. Sus poderosas espinas lo harán un umbral impenetrable.

Conviene quitarle los ramilletes florales a medidas que envejecen, siempre que la planta quede accesible a nuestro alcance.

Rosa Europeana

El rojo es, junto con el blanco y el amarillo, el color más solicitado en los rosales. Y cuando hablamos de flores rojas y abundantes, poca competencia tiene esta variedad espléndida.

Rosa Europeana en flor

Lo rosa Europeana está relativamente extendida en el mundo del paisajismo, pero aún se le hace poca justicia.

Es una variedad vigorosa, de porte bajo (hasta unos 70 cm de altura) que combina un follaje prolijo, compacto, verde oscuro y grandes ramilletes de flores rojas. Florece abundantemente en primavera y luego lo hará de a pulsos hasta el otoño.

Por su tamaño, conviene usarla como primera línea en canteros o a lo sumo una hilera de rastreras por delante. No terminará de lucir como ejemplar aislado, así que mejor prever al menos un trío de ellos o más para lograr un efecto contundente.

Nuevamente, habrá que prever una ubicación en el jardín o parque donde se busque un punto de color intenso que conduzca la mirada hacia sí, o para galardonar una entrada o escultura especial.

El color rojo en general no es fácil de manejar en los jardines por su intensidad y lo fácil que es caer en contraste de color a veces grotescos. La clave está en la dosis y la forma en que se juega con otros colores. Para favorecerlo, se recomienda acompañarlo con un color blanco en iguales dosis (el resultado será intenso, pero visualmente agradable), como así también se puede entremezclar con algunos amarillos, rosados y/o naranjas para apaciguarlo.

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