Gramíneas: 3 consejos para lucirte en tus diseños.

A veces llamadas despectivamente como “yuyos”, las gramíneas son plantas que en los antiguos (y no tanto) libros sobre jardines preciosos por el mundo no aparecen o bien se mencionan como una curiosidad.

En las últimas décadas, y con el advenimiento de la consciencia de disminuir el mantenimiento y crear espacios más sustentables y libres (con menor intervención humana), las gramíneas fueron ganando protagonismo, hasta llevarse al extremo de tener jardines construidos completamente con estas plantas.

Hoy, es difícil concebir un jardín bien diseñado prescindiendo de este amplísimo grupo de plantas, pues los efectos que se logran a partir de su aspecto, que mantiene un equilibrio perfecto entre elegancia y salvajismo, enriquece las composiciones vegetales de diferentes maneras en la mayoría de los estilos de paisajismo que se manejan hoy.

Sin entrar en detalles botánicos, vamos directamente a 3 consejos prácticos que buscamos transmitirte hoy para que incorpores a estas maravillas en tus jardines.

  • Gramínea no siempre es igual a seco

Es cierto que la mayoría de las gramíneas que cultivamos en los jardines tienen excelente tolerancia a la falta de agua. Pero dentro de un grupo tan vasto de plantas (uno de los mayores del planeta) también hay diversidad de condiciones de cultivo.

Antes de incorporar alguna gramínea a una composición, debemos asegurarnos de que sus requerimientos hídricos estarán a la par del resto de las plantas del cantero.

Por ejemplo, el grupo de los coirones (Nasella tenuissima por ejemplo) crece bien en condiciones muy secas y, si se riega demás, aparecen crecimientos excesivos y a veces se tumban.

Otras en cambio, agradecerán cultivarse junto a otras herbáceas o arbustos que requieren riegos regulares. Por ejemplo, los bellísimos miscantos (Miscanthus gracillimus, por ejemplo).

Miscanthus sinensis variegado
Este Miscanthus sinensis variegado llena de luz y vibración a las composiciones. Es adecuado para imprimir ciertos aires tropicales si se quiere.

Pero no es todo cuestión de riego. Debemos prestar atención a la dosis de agua que recibirán las plantas naturalmente a través de la lluvia, las cuales se computarán como riegos.

  • La clave está en la repetición

Una de las reglas elementales en el diseño de jardines es la repetición de los elementos. Esto, aplicado principalmente a las plantas, reza que las combinaciones más impactantes son aquellas que tienen pocas especies, pero repetidas en el espacio, ya sea siguiendo un ritmo o formando masas de una misma especie.

Las gramíneas no son la excepción, pero hay que tener en cuenta que muchas veces son plantas bastante voluminosas y no suele ser buena idea apelmazarlas al punto de que pierden su silueta natural, pues estaríamos renunciando a uno de sus atributos más interesantes.

Una muy buena idea de combinación sería salpicarlas entre arbustos de formas más rígidas que contrasten con la delicadeza de muchas gramíneas. Si son plantas de bajos requerimientos hídricos, podemos usar por ejemplo buxus (boj), azareros enanos, ruelias o westringias. Estas plantas, además de generar contrastes, nos ayudan a mantener una estructura estable en el jardín cuando muchas gramíneas se caracterizan por sus grandes cambios estacionales.

gramíneas en paisajismo
Ejemplo de distribución de gramíneas y herbáceas/arbustos de similar altura. Por ejemplo: Nasella tenuissima y buxus sempervirens.
gramíneas en paisajismo
Ejemplo de distribución de gramíneas y herbáceas/arbustos en composiciones grandes y contrastantes, por ejemplo Miscanthus sinensis «Variegatus» y Pittosporum tobira «Nana» (azarero enano). Acá también se clarifica el concepto de repetitividad en el diseño de composiciones.
  • Respetar el crecimiento natural

Es muy común ver cómo gramíneas mal ubicadas luego precisan de podas constantes para contener el crecimiento porque bloquean un paso o una ventana, por ejemplo, o cuando empiezan a “devorar” las plantas vecinas con su voraz crecimiento.

Como ocurre en realidad con la mayoría de las plantas en la mayoría de las circunstancias, no se recomienda la poda con el afán de controlar la forma o darle terminaciones caprichosas, aunque hay estilos de jardín que se identifican con estas rutinas. Las gramíneas no se adaptan bien a esto, quedan feas y antinaturales desde el momento en que son plantas concebidas como salvajes, como una expresión de naturaleza en su estado puro y silvestre. Esto descontando el hecho de que, al podar, eliminamos las flores y hasta podemos malograrlas esa temporada entera.

Por lo tanto, es imperativo conocer los tamaños finales que alcanza cada especie que utilizaremos, recordando que estos tamaños generalmente se alcanzan muy rápido. La regla es que, si la planta tiene un crecimiento potencial de 1.5 metros de ancho, significa que tengo que ubicarlas a una distancia de 1.5 metros de su vecina (si fuera la misma gramínea). De esta forma, las plantas no dejan de lucir su silueta ni avanzan unas sobre otras, compitiendo por luz y aire.

Aunque a veces las gramíneas pueden intimidar por su tamaño o fama, te aseguramos que no te vas a arrepentir de incorporarlas en los jardines siempre y cuando te informes y, por supuesto, experimentes mucho.

¿Te sirvieron estos consejos? Dejanos un comentario o compartilo con alguien más que le pueda ser de utilidad.

Que tengas un excelente día rodeado de mucho, mucho verde.

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