Lo que necesitamos saber antes de diseñar un jardín.

¿Necesitas diseñar un jardín propio? ¿Es un jardín ajeno? Sea cual sea la posición en que te toque estar, hay muchos asuntos para tener en cuenta antes de encarar un proyecto de paisajismo. Daría para un libro (de hecho, los hay, y buenos).

Debido a que los proyectos relacionados con jardines ajenos es lo que nos toca como paisajistas o arquitectos, hoy nos gustaría concentrarnos en ciertos planteos que tocan desde ese punto de vista.

Este punto de vista suele tener unos cuantos desafíos mayores, desde que las cosas no dependerán exclusivamente de nosotros (como sí podría ocurrir en nuestro jardín propio).

Por supuesto, un jardín o parque, independientemente de sus dimensiones, está sujeto a factores variables y otros tantos fijos.

Entre los variables, podríamos mencionar como ejemplos: cliente (personalidad, forma de percibir y comprender un jardín), presupuesto, mantenimiento que recibirá luego de su ejecución el espacio verde, calidad en la partida de plantas con las que estamos trabajando, visión y forma de operar del paisajista, etcétera.

Los fijos, por su parte, podemos entenderlos como aquellos elementos que permanecen independientemente de si el jardín existe o no. Entre los más importantes y condicionantes encontramos el clima (no solo a nivel macro, sino también a nivel micro), la calidad de un suelo (más o menos manipulable dentro de cierta lógica), entre otros.

El resultado de proyectar o diseñar un jardín, así como su continuidad en el tiempo, dependerán de cuán coordinados y estudiados estén cada uno de estos factores.

En forma simplificada, este esquema muestra una suerte de “sistema paisajístico” en el cual, como en cualquier otro sistema conocido, el buen funcionamiento del conjunto, depende del desempeño de cada una de las partes, a la vez que unas impactan sobre otras.

Por supuesto que cada engranaje es solamente un título, pues están cada uno de ellos formados por un montón de factores menores, que podríamos asemejar a los dientes de cada engranaje.

Veamos ahora un poco más en detalle algunos de estos factores que nosotros consideramos MUY importantes en los momentos previos a diseñar un jardín (incluso antes de ser contratado nuestro servicio, pues siempre habrá que medir nuestras propias posibilidades y aspiraciones en cuanto a poder y querer lidiar con un proyecto, sin que esto signifique limitarse a los desafíos).

  • Recursos limitantes a tener en cuenta al diseñar un jardín.

Ya sea por cantidad o calidad, recursos como el agua, la luz solar, espacio físico disponible e incluso el personal existente para ejecutar las tareas, son asuntos de vital importancia a la hora de planificar un proyecto o bien, analizar su factibilidad.

El agua, independientemente de las características del proyecto, debe existir. Incluso en planteos de xeripaisajismo donde se trabaje con plantas autóctonas del lugar, algo de agua necesitaremos para abastecer durante las primeras semanas al jardín.

La luz solar tiene algo de fijo (cantidad y ángulo de incidencia de la irradiancia que tenemos disponible en función de la localización geográfica del terreno) y bastante de variable, debido a la existencia actual o futura de construcciones o de árboles.

La forma en que evolucionan las sombras a lo largo del año (mayores en invierno y menores en verano) es un asunto que muchas veces minimizamos o damos por sabido que, por ejemplo, un muro al sur es automáticamente sombrío, lo cual es causa de numerosos desaciertos a la hora de seleccionar especies.

Afortunadamente, hoy es relativamente simple modelar en computadora las sombras, conociendo formas y dimensiones de construcciones y otros datos sencillos relativos a la geolocalización del terreno. Es indispensable a la hora de elegir oportunamente la sectorización de un espacio y las especies vegetales que se usarán.

El espacio físico nos va a definir el tamaño de las espacies a utilizar. Es lo que se conoce habitualmente como escalas. La escala de una construcción, sumado a la del paisaje y dimensiones del terreno, nos determinan la escala de los elementos que usaremos en el paisaje, teniendo en cuenta que unos no deberían competir con los otros, sino complementarse y lograr un todo coherente. Es la diferencia entre “la casa con árbol” y “el árbol con casa”.

  • Factores microclimáticos a considerar al diseñar un jardín.

El clima es difícil de abarcar, pues caracteriza a una región completa. Por ende, realmente nos habla poco de las posibilidades o no que tenemos sobre la decisión en cuanto a lo que se puede o no hacer en un paisaje.

Mientras que el clima nos habla de una tendencia esperable, lo que realmente nos influye es el microclima, que es una expresión del clima, pero a nivel de una zona en específico. Aún así, hay que ir un poco más allá y no descartar que, incluso, en un mismo terreno tendremos peculiaridades según cómo se mueva el aire, la pendiente, cómo incida el sol sobre un terreno o según la existencia de una barrera de árboles, o el calor que emana una construcción cercana.

El conocimiento de estas variables (generalmente sospechadas, porque no podemos estar todo un año midiendo en el lugar lo que sucederá a ciencia cierta), nos ayudarán a proyectar un espacio y elegir correctamente las especies. Por ejemplo, un muro que mira al norte y recibe el sol, se calienta durante el día y emana calor en la noche, a la vez que ofrece protección del sur. Esto aumenta las posibilidades de que una planta sensible a las heladas colocadas contra ese muro no sea vea afectada en el invierno.

Dicho de otra forma, estas particularidades del microclima nos pueden ayudar a disponer de mayor cantidad de opciones a la hora de elegir plantas para un proyecto.

  • Cliente

Cumple un rol trascendental en cualquier proyecto desde que nos contrata y tiene una batería de aspiraciones que necesita materializar en su jardín.

Una de las habilidades a veces insospechadas que debemos manejar los paisajistas con suficiente precisión, es la de comunicar. Una buena comunicación es clave en cualquier proyecto, pues hay demasiadas cosas por comunicar.

Un buen comienzo será no dar nada por sabido, aún por pequeño que consideremos algunos detalles, tenemos que entender que el cliente nos contrata porque no sabe él como hacer su jardín y, por ende, necesitamos explicarles con claridad todo lo que se hará en un jardín.

Pero fuera de eso, el cliente es una persona (aún si es una empresa, no deja de estar definida por la personalidad de sus superiores), por lo que tendrá una idea preconcebida de un jardín.

Él, más que ningún otro, sabrá lo que necesita y para qué. La percepción de un jardín es personal para cada quién y depende de una construcción cultural. Un tema apasionante sobre el que podríamos filosofar por horas.

Pero básicamente hay que entender una cosa. El jardín no es nuestro. Aunque parezca una obviedad, no lo es. El paisajista, que ha de considerarse como artista en una de sus aristas, es celoso de su obra.

Por su parte, el paisajista deberá entender que, en algún punto de su carrera, podría decidir no encarar determinados proyectos sobre los que no percibe afinidad o aquellos que, desde sus bases, manejan alguna filosofía con la que no estará de acuerdo.

Un jardín que no se encare con entusiasmo ni buena predisposición por todas y cada una de las partes, difícilmente llegue a buen término o, al menos, a los términos idealizados en el papel.

Será labor del paisajista entender de antemano lo que el cliente pretende y necesita, tanto explícita como implícitamente y, de esa manera, obrar en consecuencia sobre el proyecto y hacer los ajustes pertinentes en el camino.

Así, la imagen que uno pinta en su mente al ver un terreno pelado, por más apasionante que parezca, deberá ser filtrada por la concepción de jardín del cliente, sus gustos personales y lo que juzgue por correcto e incorrecto. Luego, y a veces en forma exclusiva, por el filtro del presupuesto (siguiente punto).

  • Presupuesto

Un aspecto fundamental es la cantidad de recursos económicos con los que se cuenta para ejecutar la obra. Hay una frase que nos encanta:

Un buen paisajista, es aquel que logra hacer un jardín bello y, además, sin gastar fortunas.

Una de las labores más desafiantes, es aprender a administrar el dinero con el que se cuenta. Como profesionales que buscamos hacer bien un trabajo y que además se sostenga en el tiempo, es importante conocer un valor por debajo del cual, la integridad del proyecto se ve comprometida.

La habilidad del paisajista determinará cómo jugará con la elección de especies, sectores y materiales, sin caer en proyectos muy costosos.

Priorizar es esencial. Si, por ejemplo, necesitamos tapar rápidamente una visual desagradable o porque está comprometida la privacidad de la propiedad, podría ser esta la prioridad al elegir plantas más desarrolladas en vivero las cuales, por supuesto, son más costosas (aunque no siempre serán las que se desarrollen más rápidamente).

Asimismo, trabajar ingeniosamente con especies de rápido desarrollo y además voluminosas, nos ayudan a cubrir rápidamente un espacio sin necesidad de poner muchas plantas por unidad de superficie ni recurrir a ejemplares grandes y costosos.

  • Tiempo de evolución

Algo muy interesante es la evolución de un espacio verde, en el sentido del tiempo que demorará un jardín en cumplir su función (sombra, intimidad, belleza para la contemplación).

Nuevamente quedamos sujetos a la disponibilidad presupuestaria e intenciones del cliente.

Nunca, ni siquiera para el paisajista, existirá el deseo de que un parque evolucione lentamente. Sin embargo, es parte del buen temple notar que la naturaleza tiene su propio ritmo.

Al diseñar un jardín, es fácil ceder ante la tentación de usar árboles que lucirán en pocos años, descartando otros que quizás no se mostrarán completamente hasta en algunas décadas, renunciando a hermosas especies. Es normal para nuestra percepción tan finita de vida.

Claramente es algo que se debe saber administrar. Especies de crecimiento rápido, por lo general, no son longevas. Asimismo, un crecimiento rápido puede implicar mayores gastos en mantenimiento.

Siempre lo mejor estará en proyectar con un criterio de equilibrio. Combinar plantas “antiansiedad” con otras que son preciosas inversiones a mediano o largo plazo. Por ejemplo, en parques públicos, espacios que serán aprovechados por otras generaciones, requieren pensar también en el mañana. Esto es parte de saber trascender de nuestro propio tiempo.

En cambio, al diseñar un jardín privado, deberá intuirse las necesidades del cliente. Por cuánto tiempo más disfrutará su jardín, es una pregunta que no se puede obviar en el proceso de proyección de un espacio verde.

¿Te gustaron estos consejos? Esperemos que los hayas disfrutado tanto como nosotros al escribirlos y compartirlos con vos. Dejanos tus comentarios aquí abajo.

¡Hasta la próxima!

Feliz día, lleno de mucho, mucho verde.

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