¿Qué forma darle a los canteros? ¿Líneas o curvas? Te contamos las claves

Hemos dicho en otros posteos que, al empezar a planificar un jardín, debemos empezar por la más amplio, lo más general. Digamos, el esqueleto del jardín.

Agarramos un papel en blanco o un documento de PC aún sin una sola línea más allá de las del plano de la propiedad, y antes de apoyar si quiera el lápiz (o el mouse), surgirá la disyuntiva: ¿curvo o recto?

¿Qué líneas le daré a este jardín?

¿Serán puras curvas, rectas o una combinación de las dos?

Aunque claramente casi no hay respuestas tajantes en el mundo del diseño, sí existen ciertas pautas de las cuales anclarnos firmemente para tener un margen de error lo menor posible.

Tener claro este primer concepto, nos destrabará en gran parte cómo seguiremos resolviendo un espacio verde. De allí su importancia, y por qué no conviene librarlo simplemente al gusto personal.

Nos gusta decir (y así vivimos de hecho el diseño de jardines), que este rubro depende de cuánto conozcamos y dominemos ciertas técnicas al manejar el espacio para convertirlo en un jardín distintivo.

Ahora nos detendremos en la idea de jardines curvos o rectos, qué sensaciones evocan y cómo podemos sacarle mayor partido.

  • Qué significan las líneas desde lo estético.

Un jardín puede tener líneas rectas, curvas, en mayor o menor medida formando distintos ángulos, más abiertos o cerrados.

Las posibilidades son infinitas. Pero no todas provocan las mismas sensaciones.

Y, en definitiva, gran parte de lo que nos produce un jardín tiene que ver con sensaciones.

Y en esto las líneas juegan un rol esencial.

Primero, porque suele ser lo que la vista del observador advierta en primera instancia.

Siempre que las líneas de un jardín sean claras y contundentes, podría ser lo primero que llame la atención dentro del esquema de un jardín.

Las líneas rectas evocan orden y limpieza. Minimalismo y modernismo. Formalidad.

Las líneas curvas evocan la naturaleza y su libertad, pues en el mundo natural casi no existen cosas realmente rectas, sino que siempre hay alguna curva.

Si nos queda alguna duda, el éxtasis de los jardines obsesivamente rectos formó parte de la historia de los jardines europeos, principalmente en Italia. Y la idea rectora de esto, fue la sensación de que el ser humano ejercía un dominio total sobre la naturaleza. Y eso era lo que se quería dejar en claro a toda costa en aquel entonces.

  • Las líneas en la arquitectura.

Tal como sucede en la arquitectura del paisaje con sus líneas, lo mismo ocurre en los elementos rígidos que forman las construcciones, como la casa, piscina, solárium y senderos.

Un muro recto es completamente distinto de un muro curvo. Es imposible que produzca la misma sensación.

En este sentido, debemos tener en cuenta que, por lo general, anclarnos en la arquitectura de la propiedad será un muy buen punto de partido seguro para empezar a planificar la forma que le daremos al jardín.

Si vemos que en la construcción predominan por mucho las líneas rectas, entonces podríamos replicar el mismo concepto en el jardín y viceversa.

Es cierto que hoy por hoy, el 99% de las casas que se construyen siguen un patrón muy repetitivo de estilos, y tiene que ver con el uso de formas cúbicas, con muros llenos de ángulos duros.

Por lo que, a priori, parecería que no hay lugar para curva alguna en la mayoría de los jardines.

Sin embargo, no tiene que ser necesariamente así.

Podemos anclarnos de otros conceptos.

  • Lo opuesto, atrae.

Podríamos ser jugados e irnos al polo opuesto.

Una casa completamente recta podría quedar inserta en un esquema de jardín curvo y aun así salir airosa.

Esto podría lograrse con éxito siempre que respetemos la escala de la propiedad.

Es decir, si es una casa grande en un terreno grande, podemos planificar curvas de gran escala y exageradas que acompañen el tamaño de la casa. Nada de curvas tímidas.

  • Traer la naturaleza al jardín.

Lo mismo sucede si las visuales desde el jardín se abren hacia un paisaje natural, que podría ser la costa, una serranía o las ondulaciones de un campo de golf.

En estos casos, podemos tomar prestados elementos del entorno e incorporarlos en nuestro esquema de jardín, sin importar lo que dictamine la arquitectura de la casa.

Las ondulaciones de una serranía podrían replicarse en el jardín, siguiendo una magnitud similar. Es decir, si las serranías tienen una curvatura muy ligera, que las curvas del jardín sean igual de ligeras.

El efecto espejo, ya sea replicando las líneas que hay una propiedad o en el paisaje circundante, nos produce el deseado efecto de la repetición, y cuando hay elementos que se repiten por todas partes, logramos la unidad. Y esto significa que vamos por buen camino hacia un diseño del paisaje convincente.

  • Mezclar

Finalmente, y lejos de ser una solución para indecisos, planear un esquema que combine curvas y rectas, podría ser la mejor solución en ciertos casos.

Esto aplica por lo general en jardines grandes, donde las líneas rectas se reservan para las zonas más próximas a la propiedad mientras que las curvas se dibujan en las lejanías.

En jardines pequeños, podríamos utilizar el mismo principio de opuestos o contrastes que vimos en un punto anterior, mezclando forzadamente líneas duras con curvas.

Por ejemplo, canteros en ángulos rectos que queden atravesados por un sendero construido de pasos circulares.

Al crear un contraste tan fuerte, logramos captar la atención en forma inmediata.

Como ves, hay una libertad relativamente amplia en cuando al uso de curvas o líneas en un jardín.

Pero como nos encanta decir, todo lo que hagas o dejes de hacer en un jardín debe tener un porqué.

Si lo que pones o quitas es porque sí o no lo puedes explicar con razones certeras, es porque debemos trabajar mejor en el criterio.

Y, lo que se hace sin un criterio definido, no se puede replicar.

¿Y tú qué prefieres? ¿Curvas o rectas? Te leemos en los comentarios.

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