Claves para diseñar jardines de poco color, con estilo.

Cuando pensamos en jardines o en un cantero en particular, solemos pensar automáticamente en un espacio rebosante de colores.

En nuestros años dentro del rubro del paisajismo, esta es la frase que más nos hemos encontrado: “quiero darle color”.

Por alguna razón pensamos que los jardines no están completos sin una buena dosis de color.

Independientemente de la causa, lo cierto es que también es válido pensar en un jardín escueto en cuanto a colores, sin que esto signifique que algo anda mal.

Nunca voy a olvidar una frase que un profesor soltó durante el cursado de Agronomía, en una de sus clases para la asignatura de espacios verdes.

“Hay jardines en los que se recurre al color desmedido para salvaguardar cualquier otro error de diseño”

Sergio Carrieri

No están bien ni mal usar muchos colores. De hecho, a nosotros nos gusta cada vez más utilizar color, solo que tiene un cierto grado de complejidad, ya que debemos conocer sobre muchas especies para poder generar combinaciones atractivas y que funciones en conjunto.

Una variante a estos jardines coloridos es aquellos monocromáticos.

Y si bien de su nombre se desprende “un solo color” lo cierto es que en los jardines, a diferencia de otras ramas del arte, casi siempre ya se trabaja con un lienzo de base que es el verde.

Por lo tanto, la definición de jardín o cantero monocromático sería más laxa:

Son jardines o canteros donde predominan ampliamente 2 colores, siendo uno de ellos el verde (o el gris, si fuese el caso que trabajamos con follajes grises).

La existencia de este concepto de jardines no es en vano.

Trabajar con pocos colores en un jardín, genera una sensación instantánea de fuerza de conjunto, porque estamos apuntando todos los cañones hacia una misma idea. Entonces esa idea se hace más fuerte.

Podemos hacer una primera distinción entre jardines monocromáticos de colores cálidos y otro de colores fríos (aquí encontrarás un curso gratuito donde profundizamos sobre este tema del color).

Las sensaciones entre uno y otro serán muy diferentes.

Los colores cálidos son enérgicos, alegres. Los fríos invitan a la contemplación más relajada, desestresan.

Para que estas composiciones de tan poca diversidad de color funcionen, debemos tener en cuenta los recursos que tenemos a mano.

Primero, que el hecho de que trabajemos con un solo color extra del verde, no significa que olvidemos que los colores tienen diferentes tonos, intensidades.

Por ejemplo, el lila puede dar sensación cálida como en la Salvia farinacea. Pero puede ser lo opuesto, mucho más frío, como en una Nepeta o Lavandula angustifolia.

Como sea, las diferentes intensidades las podemos encontrar en cualquier color, y entonces es clave tratar de diversificar por ese lado.

Como vemos en el curso de color, cuando nos situamos en un color particular del círculo cromático, si nos desplazamos hacia el centro o hacia afuera, vemos las diferentes intensidades. Podemos jugar con un grupo de ellas para ganar diversidad sin perder el concepto monocromático.

El otro recurso interesante, es el de la anatomía de las flores.

Claramente si mantenemos fija la variable color, podemos jugar cambiando la anatomía de las flores.

Podemos recurrir a especies unifloras ó que desarrollan inflorescencias. Y dentro de las inflorescencias tenemos las que son más compactas, laxas, otras erectas y péndulas.

Luego podemos decidir si combinarlas agrupando cada especie en grupos puros (o sea reuniendo a una misma especie en una mancha del cantero) o bien entremezclándolas unas con otras, lo cual da un carácter más asilvestrado, pero esto también requiere que unas especies sean bien compatibles con sus vecinas, para que no se encimen unas con otras.

Lo mismo podemos hacer con el verde.

Sabiendo que es un color, el verde por supuesto tiene distintas intensidades y en cada planta encontraremos su propio verde. Lo mismo vemos en las plantas disciplinadas.

El secreto con este color tan variable, es enfocarse en que realmente haya una variación que se note.

Por ejemplo, el verde oscuro y apagado de un romero (Rosmarinus officinalis) con el verde brillante lustroso de un azarero enano (Pittosporum tobira).

El hecho de que el verde de cada especie sea tan distinto uno del otro, hace que la combinación de esas dos plantas se vuelva interesante.

Finalmente, podemos compensar cierto aire de monotonía en la composición incluyendo algún recurso de quiebre, como por ejemplo que el cantero tenga de respaldo un muro de color que contraste con el predominante del cantero.

También, en una composición monocromática y especialmente fría, es cuando mejor destaca alguna escultura, porque será el único elemento diferente. Siempre cuidando, claro, que el color sea disruptivo.

Como verás, pensar un jardín con pocos colores puede ser un desafío muy interesante y el resultado, sorprendente.

Es primordial cultivar nuestro conocimiento sobre nuevas especies y no temer a probar y luego fracasar.

Saber sobre cada vez más plantas en forma íntima, nos hace paisajistas más libres, con más juicio y agilidad a la hora de diseñar.


¿Ganas de aprender más? Estos son nuestros últimos artículos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *